El dolor nos hace aferrarnos menos a esta vida
Con el tiempo, nuestro trabajo y opiniones son menos solicitados. Nuestros cuerpos se desgastan. Gradualmente sucumben a la obsolescencia inevitable. Las articulaciones se endurecen y duelen. Los ojos se oscurecen. La digestión se vuelve más lenta. Dormir se hace más difícil. Los problemas se vuelven cada vez mayores mientras las opciones son cada vez menos. Sin embargo, si la muerte no es el fin sino el inicio de un nuevo día, la maldición de la vejez también es una bendición. Cada dolor nuevo hace a este mundo menos interesante y la vida por venir más atractiva. En su propia forma, el dolor prepara el camino para una partida más honrosa (Eclesiastés 12:1-14).
El sufrimiento nos hace confiar en Dios

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