El sufrimiento nos hace confiar en Dios
La persona sufrida más famosa de todos los tiempos fue un hombre llamado Job. Según la Biblia, Job perdió su familia por la guerra, su riqueza por el viento y el fuego, y su salud por causa de unas dolorosas llagas. A través de todo ello, Dios nunca dijo a Job por qué le sucedía todo eso. Mientras Job soportaba las acusaciones de sus amigos, el cielo permanecía silente. Cuando Dios habló finalmente, no reveló que Satanás, su archienemigo, había cuestionado la motivación de Job para servir a Dios. El Señor tampoco pidió perdón por permitir que Satanás probara la devoción de Job a Él. En vez de ello, Dios habló de las cabras monteses dando a luz, leones pequeños de caza y cuervos en sus nidos. Citó el comportamiento del avestruz, la fuerza del buey y el paso del caballo. Habló de las maravillas de los cielos y del mar y del ciclo de las estaciones. Job sólo pudo concluir que si Dios tenía poder y sabiduría para crear este universo físico, había que confiar en Él también en el tiempo del dolor (Job 1-42).
Dios sufre con nosotros en nuestro sufrimiento

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