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Mart De Haan
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| Cómo luce la confianza
¿Cómo luce la confianza cuando no podemos explicar nuestro problema ni ver más allá de él? Escuchar a los demás mientras tratan de mostrar fe en medio de la crisis puede causar confusión. Algunos dicen que creen que Dios les va a conseguir un empleo, a restaurarles la salud, a traer reconciliación a su matrimonio o a hacer que regrese un hijo pródigo. Otros dicen que confiar en Él significa aceptar que sus caminos no son necesariamente los nuestros. En la sala de espera de la oración y la impotencia he concluido que las preguntas acerca de lo que significa confiar en Dios pueden ser casi tan perturbadoras como el problema mismo. También he descubierto que es para esos problemas que se nos ha dado la sabiduría de la Biblia.
No sea demasiado duro con usted mismo. Las personas más piadosas
del pasado se sintieron profundamente perturbadas por las crisis de su vida.
El rey David se negó a comer y a ser consolado cuando suplicaba a
Dios por la vida de su hijo, el cual se estaba muriendo (2
Samuel 12:16-17).
A pesar de que era un hombre con un corazón conforme a Dios, los cánticos
y gemidos de su vida reflejan un temor y una desesperación que se
repetían (Salmo
6:1-7). En las oscuras noches de pérdida de
Job, sus primeras expresiones de confianza se convirtieron en una amarga
angustia (Job
3:1-26). Y luego tenemos a la estéril Ana. Sus oraciones
por un bebé fueron tan emotivas que su sacerdote la acusó de
estar ebria (1
Samuel 1:13-15). Hasta el apóstol Pablo sintió «gran
tristeza y continuo dolor» por familiares y amigos que no eran salvos
(Romanos
9:2). Juntos nos muestran que la confianza puede llorar y gemir
e incluso dudar.
Dé un paso a la vez. A veces es útil dividir la trayectoria
en pequeños pasos. Jesús nos exhortó a no preocuparnos
por el mañana, pues el día de hoy tiene suficientes problemas
(Mateo
6:34). En la debilidad de las emociones turbulentas puede que
necesitemos conformarnos con pasos cortos, la sabiduría del
momento (Santiago
1:6), y la seguridad presente de Aquel que dice: «Nunca
te dejaré ni te desampararé» (Hebreos
13:5).
Dude de usted. Job finalmente llegó al punto en que dudó de
sí mismo más que de Dios. Después de que le recordaran
el poder eterno y el genio infinito del Dios de la creación,
cayó de rodillas. Con un corazón que estaba contrito
y al mismo tiempo aliviado, dijo: «Yo sé que tú puedes
hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede
ser estorbado. “¿Quién es éste que oculta
el consejo sin entendimiento?” Por tanto, he declarado lo que
no comprendía, cosas demasiado maravillosas para mí,
que yo no sabía. He sabido de ti sólo de oídas,
pero ahora mis ojos te ven» (Job
42:2-3, 5). Padre celestial, en nuestros
momentos de reflexión sabemos que eres mayor que nuestro corazón.
Ves infinitamente más que nosotros. Ves la obra que has comenzado
en nosotros, el Espíritu que nos has dado, el perdón que
has comprado por nosotros, y el deseo que nos has dado de vivir en libertad
en vez de escondernos en fracasos pasados. |