Mart De Haan
Julio - Agosto - Septiembre 2005  
Un manifiesto

Los manifiestos declaran ideas revolucionarias. El Manifiesto Comunista de 1848 exigía la redistribución de la riqueza. Las 95 Tesis de Martín Lucero en 1517 afirmaban la salvación por la fe solamente, y la Declaración de Independencia en Norteamérica de las 13 colonias en 1776 presentaba el argumento del derecho de los ciudadanos a organizar una revuelta.
     Sin embargo, la declaración más revolucionaria de todas fue el preámbulo del primer siglo al Sermón del Monte de Jesús. Con menos palabras que el discurso de Abraham Lincoln en Gettysburg, o que el discurso titulado «Tengo un sueño», de Martin Luther King, Jesús de Nazaret transformó totalmente los valores comunes. Con ideas que eran todo lo contrarias a la cultura que pueden ser los pensamientos, nos dio una razón para declarar:

Archivo de artículos previos
  • El día que murió Dios
  • Los valores de Crist
  • Cómo luce la confianza
  • Tenemos Que Perdonarnos
  • El valor de una persona
  • Sombras De Duda
  • Diez cosas que aprendí de mi papá
  • El camino a la paz
  • La carta de la confianza
  • ¿Qué es una respuesta blanda?
  • Cosas imponderables
  • Dos Ladrones

  • POR CUANTO el más sabio y el mejor de todos los hombres que el mundo haya conocido jamás cambió la historia con el argumento de sus palabras y no con el filo de una espada, y
    POR CUANTO declinó aceptar poder político, incluso cuando estaba a su alcance, y
    POR CUANTO nos enseñó a vivir por la manera en que murió,
    SE RESUELVE que procuraremos cambiar nuestro propio mundo por el espíritu y las actitudes que hemos encontrado en Él.
    CON ESE FIN confesamos que nuestro Señor nos dio una nueva forma de vernos a nosotros mismos y a los demás cuando miró a las multitudes de personas que sufrían que lo estaban siguiendo y dijo:

    1) BIENAVENTURADOS LOS POBRES EN ESPÍRITU, PUES DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS. En la presencia de Aquel que sanó piernas secas y ojos ciegos para ganarse el derecho a que confiaran en Él, descubrimos que nuestros problemas nos han hecho un favor. Nuestras pérdidas materiales y fracasos morales nos han llevado al Único que nos podría ayudar. Puesto que no podíamos ayudarnos a nosotros mismos, le seguimos lo suficiente como para escuchar las palabras:

    2) BIENAVENTURADOS LOS QUE LLORAN, PUES ELLOS SERÁN CONSOLADOS. Cuando nuestro corazón se quebrantó bajo el peso de nuestros propios males, las ideas de este Maestro cobraron sentido. Con su ayuda vimos que nuestros problemas estaban arraigados, no en líderes, leyes o circunstancias malas, sino en nosotros mismos. Fue sólo cuando vimos nuestra necesidad de perdón que encontramos el consuelo que estábamos buscando. Fue sólo cuando se nos aseguró un futuro mejor del que habíamos soñado jamás que pudimos ver por qué nuestro Rey dijo:

    3) BIENAVENTURADOS LOS HUMILDES, PUES ELLOS HEREDARÁN LA TIERRA. En la presencia de Aquel que caminó sobre agua, calmó una tormenta y dio paz a los corazones más perturbados, descubrimos que serle sumisos nos dio fortaleza interior y valor. Al declarar nuestra rendición a Él vimos que la tierra sobre la cual nos arrodillamos no era nuestra para conquistar, sino Suya para encomendárnosla. En la seguridad de su promesa estuvimos listos para escucharle decir:

    4) BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PUES ELLOS SERÁN SACIADOS. A medida que aprendemos nuevas formas de relacionarnos con los demás encontramos una paz que reemplazó nuestra sed de conflicto. Cuando tuvimos sed de sus actitudes nos dimos cuenta de que su vida comenzó a mostrarse en nosotros. A medida que respondíamos a otros con la paciencia y el amor que encontramos en Él hallamos una libertad de espíritu que se elevó con las palabras:

    5) BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS, PUES ELLOS RECIBIRÁN MISERICORDIA. Del ejemplo de nuestro Maestro aprendemos que el honor se halla, no en pasar juicio a los demás, sino en mostrar misericordia a aquellos que ya han sido condenados por sus propias acciones. Al ofrecer una amabilidad que se necesitaba pero que no se merecía, comenzamos a respirar el aire del cielo. Con un río de misericordia fluyendo por nuestra vida experimentamos la limpieza prometida en las palabras:

    6) BIENAVENTURADOS LOS DE LIMPIO CORAZÓN, PUES ELLOS VERÁN A DIOS. En nuevos motivos encontramos una pureza de corazón que nos permitió ver más de Dios de lo que habíamos visto jamás. Cuando alcanzamos a los demás con la gracia que se nos había mostrado a nosotros, comenzamos a ver al mismo Dios obrando en nosotros y por medio de nosotros. Cuando vimos cómo amaba Él a personas que una vez habíamos considerado intocables, comenzamos a comprender por qué dijo:

    7) BIENAVENTURADOS LOS QUE PROCURAN LA PAZ, PUES ELLOS SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS. En la causa de la paz encontramos un propósito que reflejaba el corazón y los caminos de nuestro Padre. Cuando empezamos a ver a los demás como personas por quien Cristo murió, vimos lo importante que es evitar todo alineamiento o asociación que nos distraiga de nuestra misión. Sin embargo, puesto que sabíamos que los demás nos entenderían mal como lo entendieron mal a Él, cobramos valor con las palabras:

    8) BIENAVENTURADOS AQUELLOS QUE HAN SIDO PERSEGUIDOS POR CAUSA DE LA JUSTICIA, PUES DE ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS. BIENAVENTURADOS SERÉIS CUANDO OS INSULTEN Y PERSIGAN, Y DIGAN TODO GÉNERO DE MAL CONTRA VOSOTROS FALSAMENTE, POR CAUSA DE MÍ. REGOCIJAOS Y ALEGRAOS, PORQUE VUESTRA RECOMPENSA EN LOS CIELOS ES GRANDE, PORQUE ASÍ PERSIGUIERON A LOS PROFETAS QUE FUERON ANTES QUE VOSOTROS. En la promesa de una recompensa posterior nos recordaron que se paga un precio por ser fieles a nuestro Rey. Sin embargo, si alguien ha de tener resentimiento hacia nosotros, que sea por la misión que Él nos ha encomendado. Aunque hay muchas causas morales y políticas que son dignas, sabíamos que, al final, sólo una batalla importaría. Con esta confianza y convicción de mente,

    Mart De Haan

    POR TANTO sostenemos que este principio es autoevidente:

    QUE lo que es mejor para nosotros y nuestro prójimo no comienza con un cambio de circunstancias, sino con un cambio de corazón. Y,

    POR TANTO RESOLVEMOS con la ayuda de nuestro Dios hacer de las actitudes de nuestro Rey la manera en que procuramos relacionarnos, no sólo con nuestros amigos, sino también con nuestros enemigos, por el honor de nuestro Rey y por el bien de todos, por quienes Él murió.

         Padre celestial, Tú nos has dado mucho. El milagro de la vida está más allá de nuestra comprensión. La oportunidad de conocerte es un regalo que no se puede comparar. La gente que nos rodea no tiene precio. Por favor, perdónanos por perder de vista lo que es más importante de todo. Por favor, perdónanos por ignorarte a Ti, tu voluntad y a la gente que sufre y está perdida por quien tu Hijo murió. Que hoy sea el día en que venga tu reino y se haga tu voluntad en nosotros, como en el cielo.


     

    Copyright © 2003 por Ministerios RBC - Para correspondencia general: literatura@rbc.org