Lectura: Romanos 5:1-11
La Biblia En Un Año: Levítico 11-13
Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. . . . --1 Pedro 3:18.
Durante los años en que trabajó como alcalde de la ciudad de Nueva York, Fiorello La Guardia a veces presidía como juez en un tribunal nocturno. En un caso, un hombre fue declarado culpable de robar una hogaza de pan. El hombre alegó que había cometido el robo para alimentar a su familia, la cual estaba pasando hambre. «La ley es la ley» --declaró La Guardia--. Por tanto, debo ponerle una multa de diez dólares.» Cuando el hombre confesó tristemente que no tenía dinero, el juez sacó diez dólares de su billetera y pagó la multa. Además, pidió a todas las personas que se hallaban en la sala que contribuyeran con 50 centavos para ayudar al hombre.
En el corazón del evangelio está la cruz de Cristo. Su mensaje es tan llano que hasta un niño lo puede comprender: Jesús ocupó mi lugar y murió por mí. Pero su verdad es tan impresionante que el más sabio de los seres humanos no puede sondear plenamente su significado. La Biblia dice: «Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios» (1 Pedro 3:18). Además dice: «Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos» (Romanos 5:6).
La compasión de aquel juez es un vislumbre de la inconmensurable gracia de Dios. Las exigencias de la ley fueron satisfechas. El mismo juez pagó la multa. El que quebrantó la ley quedó libre e incluso fue bendito con un regalo inmerecido. ¡Qué profunda imagen de nuestro Salvador! --Vernon Grounds
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