Lectura: Isaías 40:29-31
La Biblia En Un Año: Deuteronomio 26-28
Él da fuerzas al fatigado. . . . --Isaías 40:29.
Me encontraba mirando un águila en vuelo cuando por ninguna razón aparente empezó a ascender en espiral. Con sus poderosas alas, el gran pájaro se elevaba cada vez más, hasta que se disolvió en un puntito y luego desapareció.
Su vuelo me recordó las alentadoras palabras de Isaías: «Aun los mancebos se fatigan y se cansan, y los jóvenes tropiezan y vacilan, pero los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas. . .» (40:30-31).
Las aflicciones y tragedias de la vida pueden poner fin a nuestra capacidad de recuperación, aguante y temple, y ponernos de rodillas. Pero si ponemos nuestra esperanza en el Señor y nos apoyamos en Él, Él renueva nuestra fuerza. La clave de nuestro aguante descansa en el intercambio de nuestros limitados recursos por la fortaleza sin límite de Dios. Y es nuestra con sólo pedirla.
Con la fortaleza de Dios podemos «correr y no cansarnos», ni siquiera cuando los días son ajetreados y exigentes. Con Su fuerza podemos «caminar y no fatigarnos», aunque la rutina tediosa y lerda haga que el camino parezca pesado y largo. El salmista exclamó en medio de su peregrinación fatigosa y lastimera: «¡Cuán bienaventurado es el hombre cuyo poder está en ti. . .!» (Salmo 84:5).
¡Qué intercambio! La fuerza infinita de Dios por nuestra finita debilidad. --David Roper
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