Nuestro Pan Diario

14 de marzo, 2003


Verdadera satisfacción

Lectura: Eclesiastés 2:1-11

La Biblia En Un Año: 1 Samuel 1-3

. . . No se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír. --Eclesiastés 1:8.


Un hombre se detuvo en una agencia de viaje y dijo que quería hacer un crucero. «¿A dónde?» --le preguntaron--. «No lo sé» --fue su respuesta. Así que el agente sugirió que echara un vistazo a un gran globo que había en la habitación. Él lo estudió un tiempo, luego con una mirada de frustración exclamó: «¿Es eso todo lo que tiene que ofrecer?»

El mundo en el cual vivimos tiene muchas cosas que nos atraen. Aparte de lo que es pecaminoso, podemos y debemos disfrutar de sus placeres. Una comida deliciosa acompañada de la buena comunión de los amigos reconforta nuestro corazón. Las bellezas de la naturaleza nos inspiran y nos llenan de maravilla. La buena música refresca el alma. Y el trabajo mismo puede ser gratificante.

Incluso en un mundo maldito por el pecado, podemos encontrar un gran disfrute. Y sin embargo, estas búsquedas no dan una satisfacción plena y duradera. De hecho, la gente que vive sólo para la gratificación propia, por muy elevados que sean sus logros, siempre anhelará más. Por mucho que beban de los pozos de los placeres de este mundo, su sed no se apagará. Deben estar de acuerdo con Salomón respecto a que «todo es vanidad y correr tras el viento» (Eclesiastés 2:17).

Sólo viviendo para Jesucristo experimentamos una verdadera satisfacción. --Richard W. De Haan

PONER A CRISTO EN PRIMER LUGAR DA UNA SATISFACCIÓN QUE DURA.

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