Nuestro Pan Diario

25 de marzo, 2003


Alfa y Omega

Lectura: Apocalipsis 22:6-13

La Biblia En Un Año: 2 Samuel 9-12

Yo soy el Alfa y la Omega --dice el Señor Dios--. . . . --Apocalipsis 1:8.


El significado de las palabras Alfa y Omega, términos que se refieren a la primera y última letras del alfabeto griego, es bastante fácil de entender. Igual que la A y la Z, sencillamente quieren decir «principio» y «fin».

En la vida entendemos estos conceptos. Las cosas empiezan . . . y terminan. Los trabajos empiezan . . . y terminan. Las décadas vienen . . . y van. Nacimiento . . . muerte.

Pero hay algo especial y único acerca de las palabras Alfa y Omega según aparecen en Apocalipsis (1:8,11; 21:6; 22:13). Jesucristo usó esos términos para describirse a Sí mismo, términos que se refieren a Su deidad.

Cuando se usan en las Escrituras, las palabras tienen un significado casi insondable. Jesús, el Alfa, no tuvo principio. Existía antes del tiempo, antes de la creación del universo (1:1). Como causa primera de todo lo que existe (vv.2-3), Jesús no puede estar limitado por la palabra Alfa. Y como la Omega, no es el final tal como lo conocemos. Él seguirá existiendo en el futuro eterno que nunca termina.

Este aspecto de nuestro Señor es inconcebible y causa asombro. Él es «el que es y que era y que ha de venir» (Apocalipsis 1:8). Jesucristo es el Alfa y la Omega, el Dios Todopoderoso. No sólo eso, sino que es nuestro Salvador (Tito 2:13). Como tal, merece nuestra alabanza, nuestra vida, nuestro todo. --Dave Branon

PARA EL TIEMPO Y LA ETERNIDAD, JESÚS ES TODO LO QUE NECESITAMOS.

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