Lectura: Santiago 3:1-13
La Biblia En Un Año: 2 Reyes 1-3
El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia. --Proverbios 28:13.
Una mujer dijo a un predicador: «Tengo un hábito que sé que daña mi testimonio: la exageración. Empiezo a decir algo y luego agrando la historia. La gente sospecha que no es verdad y me pierde la confianza. Estoy tratando de superarlo. ¿Me puede ayudar?» Él respondió: «Hablemos con el Señor.»
Ella oró: «Señor, Tú sabes que tengo el hábito de la exageración. . .» En ese momento el predicador la interrumpió: «Si lo llama "mentir" puede que lo supere.» La mujer se sintió profundamente convencida y confesó su pecado.
Muchas veces excusamos nuestros pecados dándoles nombres más aceptables. A nuestro mal genio le llamados «nervios»; a nuestra falta de veracidad, «exageración»; a nuestra falta de honestidad le decimos «buen negocio». Al tratar de superar estos pecados tenemos que exponerlos abiertamente, llamarlos honestamente por sus nombres, y arrepentirnos con sinceridad (Proverbios 28:13).
Un hombre fue al consultorio de un dentista para que le arreglaran los dientes. «Siento con la lengua que tengo una caries grande» --dijo. El dentista lo examinó y dijo: «Será un empaste pequeño.» «Pero, ¿por qué se siente tan grande?»
--preguntó el paciente. «Es la tendencia natural de la lengua a exagerar» --contestó el dentista con un guiño de los ojos. Puede que sonriamos, pero ¿no somos todos propensos a desproporcionar las cosas? Sí, «la lengua es un miembro pequeño, y sin embargo, se jacta de grandes cosas» (Santiago 3:5).
Señor, perdónanos por usar mal la lengua. --Henry Bosch
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