Nuestro Pan Diario

20 de abril, 2003


La realidad de la resurrección

Lectura: Lucas 24:1-12

La Biblia En Un Año: 1 Crónicas 20-23

Y el que vive, y estuve muerto; y he aquí, estoy vivo por los siglos de los siglos. . . . --Apocalipsis 1:8.


Los discípulos y los primeros seguidores de nuestro Señor afirmaron con un celo nacido de una convicción sincera que Jesús de Nazaret era un Salvador vivo, no un maestro y filósofo martirizado. Sostuvieron esta verdad con tanto afán que estuvieron dispuestos a sufrir tortura y muerte antes que renunciar a ella.

Este asombroso mensaje avivó su ministerio de tal forma que su testimonio «trastornó el mundo» (Hechos 17:6). Todavía hoy es cierto. El Espíritu Santo honra el testimonio de los que proclaman a Jesús resucitado. Éstos no señalan primordialmente códigos morales, rituales religiosos ni credos teológicos (por buenos que sean en sí mismos), sino al Dios-hombre vivo, el único que puede salvar. Es a Él, que «vive por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 1:8) que debemos mirar en estos días de ortodoxia muerta y apostasía espiritual.

Un profesor orgulloso e impío dijo a una niña que creía en el Señor Jesús: «Niña querida, no sabes en quien crees. Ha habido muchos cristos. ¿En cuál de todos crees?» «Yo sé en cual creo --contestó la niña--. Creo en el Cristo que resucitó de entre los muertos.»

Jesús está vivo (Lucas 24:1-12). Tu vida eterna depende de ello. --Henry Bosch

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO ASEGURÓ LO QUE EL CALVARIO LOGRÓ.

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