Lectura: 1 Pedro 3:1-12
La Biblia En Un Año: 2 Crónicas 33-36
Y que vuestro adorno no sea externo . . . sino que sea el yo interno. . . . --1 Pedro 3:3-4.
A pesar de lo que hemos escuchado en incontables cuentos de hadas, no hay ninguna garantía de que la gente que se casa vaya a ser feliz para siempre. Las cosas salen mal, a veces, terriblemente mal. Incluso con la mejor de las intenciones, puede que nos encontremos en una casa llena de resentimiento, hostilidad, agitación y desgracia. No hay dolor más grande como el de un matrimonio infeliz.
Sin embargo, un matrimonio difícil puede ser el marco en el cual Dios lidie con «el yo interno» (1 Pedro 3:4). En lugar de centrarnos únicamente en lo que va mal con nuestro cónyuge, necesitamos abrir nuestro corazón al Señor y pedirle que confronte el mal que hay en nosotros. Él empezará a hacerlo: amablemente, poco a poco, con generosidad. Nosotros comenzaremos a vernos como somos, y no como la persona delicada, paciente, amable, generosa, entregada y con dominio propio que nos habíamos imaginado ser. Llegaremos a ver cuánto necesitamos el perdón del Salvador y la ayuda del Espíritu para hacer lo correcto en amor (vv.1-12), incluso cuando nos han hecho daño.
Nuestro crecimiento en la gracia puede o no cambiar a nuestro cónyuge. No hay garantías en la vida excepto el amor de Dios. Pero con Su ayuda, podemos cambiar. Aunque tal vez no se curen todos los males de nuestro matrimonio, la gracia de Dios nos puede sanar. --David Roper
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