Lectura: Santiago 2:1-9
La Biblia En Un Año: Job 14-17
Hermanos míos, no tengáis vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo con una actitud de favoritismo. --Santiago 2:1.
Un hombre asistió a una iglesia regularmente durante varios meses, pero siempre lo ignoraban. Puesto que nadie sabía quién era él, y parecía estar fuera de lugar con sus ropas viejas y gastadas, nadie se molestó nunca en hablarle.
Un domingo ocupó uno de los asientos de la iglesia e intencionadamente se dejó el sombrero puesto. Cuando el pastor se puso de pie en la plataforma y miró hacia el auditorio, enseguida notó al hombre con el sombrero. Así que llamó a uno de los diáconos y le pidió que le dijera al hombre que se olvidó de quitarse el sombrero. Cuando el diácono habló con el hombre, éste respondió con una gran sonrisa: «Me imaginé que eso lo lograría. He asistido a esta iglesia durante seis meses y usted es la primera persona que se dirige a mí.»
En la familia de Dios, no hay lugar para el favoritismo. Los que hemos nacido de nuevo por medio de la fe en Jesús somos iguales a los ojos de Dios. Y esa igualdad debería ser evidente en la manera como tratamos a otros creyentes.
Debemos ser corteses y hospitalarios con todos, independientemente de su raza, condición social o apariencia. Cuando mostramos favoritismo pecamos contra la gente a quien Dios ama y por quien Cristo murió. Seamos generosos con todos y tengamos cuidado de evitar el favoritismo. --Richard De Haan
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