Lectura: Mateo 5:14-16
La Biblia En Un Año: Job 28-31
. . . Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. --Juan 8:12.
La escritora Anne Lamott escribió una vez que la gente que ella admira tiene «propósito, corazón, equilibrio, gratitud, gozo. . . . Siguen una luz más brillante que el centelleo de su propia vela; forman parte de algo hermoso.»
En mi experiencia, esas personas no son simplemente religiosas. Son discípulos comprometidos de Cristo. Jesús explicó por qué sus seguidores tienen una especie de cualidad luminosa. «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12). Puesto que creemos en Jesús como nuestro Salvador, ahora podemos iluminar el mundo. Se nos dice: «Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16).
Esto no significa que debamos mostrar siempre una alegría artificial. Muchos de nosotros no poseemos un carácter risueño. Pero en el poder del Espíritu Santo, podemos ser como los cristianos de los que Pablo escribió: «Resplandecéis como luminares en el mundo» (Filipenses 2:15). Como dijera Francisco de Asís: «Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, que siembre yo amor; . . . donde haya oscuridad, luz.»
Así como la luna refleja la refulgencia del sol, así nosotros, los que creemos y seguimos al Salvador, podemos reflejarlo a Él, el cual es la luz del mundo. --Vernon Grounds
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