Lectura: Josué 7:1-6, 19-26
La Biblia En Un Año: Job 32-34
. . . Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la culpa de mi pecado. --Salmo 32:5.
Asesinó brutalmente a dos personas en 1983, pero en la prisión, Karla Tucker confesó sus pecados a Dios y se convirtió en una cristiana vibrante. Muchas personas esperaban que su transformación persuadiera a las autoridades legales a cambiar su castigo a cadena perpetua. Pero los tribunales rechazaron todas las apelaciones, y su ejecución se llevó a cabo en 1998.
Pensé en Karla mientras leía la trágica historia de Acán. Me impresionó su confesión: «En verdad he pecado contra el Señor, Dios de Israel, y esto es lo que he hecho» (Josué 7:20). Esas palabras me hacen pensar que es posible que él, igual que el rey David muchos años después (Salmo 32:5), fuera perdonado por Dios. Pero el pecado de Acán causó la muerte a 36 israelitas (Josué 7:5), y él tuvo que pagar la pena por sus acciones.
Incluso después que hemos recibido el perdón de Dios, puede que tengamos que encarar las consecuencias de nuestro pecado. Si hemos mentido, maltratado a alguien o quebrantado la ley, debemos hacer todo lo que esté de nuestra parte para corregir cualquier daño que hayamos hecho.
Sí, es maravilloso saber que somos perdonados cuando confesamos nuestros pecados a Dios. Pero eso no significaba que estemos exentos de todas las consecuencias. Por eso es que confesar el pecado es bueno, pero decir No al pecado es aún mejor. --Herb Vander Lugt
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