Lectura: Efesios 4:25-5:1
La Biblia En Un Año: Salmos 28-30
. . . hablad verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros. --Efesios 4:25.
Un muchacho y su padrastro tenían dificultades para comunicarse mutuamente. El hombre era expresivo; el muchacho, callado. Al hombre le encantaba pescar; al muchacho le encantaba leer.
El padrastro, queriendo acercarse al muchacho, lo llevó en un viaje de pesca. El muchacho aborrecía aquello, pero no sabía cómo decírselo al padrastro directamente. Así que le escribió una nota en la que le decía que quería volver a casa. El hombre la miró y se la puso en el bolsillo.
El viaje de pesca continuó por cuatro días más. Cuando finalmente regresaron a la casa, el muchacho compartió su frustración con su madre y le dijo que su padrastro no había hecho caso a su nota. La madre le dijo: «Hijo, tu padre no sabe leer.» El hombre nunca compartió esto con el muchacho.
La buena comunicación ocurre, no sólo cuando sabemos lo que queremos decir, sino también cuando conocemos a la persona con la cual estamos hablando. Y conocerse mutuamente requiere una disposición a dejar que los demás sepan nuestras debilidades y limitaciones.
Pablo nos apremió como creyentes a decirnos la verdad los unos a los otros (Efesios 4:25). También nos amonestó para que fuéramos «amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros» (v.32). Eso es amor cristiano, y da la seguridad en la cual la buena comunicación puede prosperar. --Haddon Robinson
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