Lectura: Isaías 50:4-10
La Biblia En Un Año: Salmos 73-75
El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado. . . . --Isaías 50:4.
Leí que Albert Einstein era el orador invitado en una cena celebrada en la Universidad Swarthmore en Filadelfia, Pensilvania. Cuando le llegó el turno para hablar, asombró a todo el mundo al ponerse de pie y anunciar: «No tengo nada que decir.» Y se sentó.
Momentos después se puso de pie y añadió: «En caso de que tenga algo que decir, volveré y lo diré.» Seis meses más tarde envió un mensaje al presidente de la universidad: «Ahora tengo algo que decir.» Se celebró otra cena y Einstein dio su discurso.
Tal vez hayas tenido oportunidades de «sostener con una palabra» a los que están fatigados (Isaías 50:4), pero no pensaste que tenías algo que decir. Si es así, imita el ejemplo del Siervo del Señor, el Mesías prometido, de quien leemos en Isaías 50:4-10. Puesto que Él escuchó y obedeció lo que oyó, tenía un mensaje que dar a los demás.
Abre la Palabra de Dios con anhelo de aprender y de hacer lo que Él te dice que hagas. Piensa que el Señor está presente y hablándote, revelando sus pensamientos, emociones y voluntad. Medita en sus palabras hasta que sepas lo que Él te está diciendo.
Luego, como descubrió el Siervo, a su tiempo Dios te dará «lengua de discípulo» (v.4). Si escuchas al Señor tendrás algo que valga la pena decir. --David Roper
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