Lectura: Salmo 91
La Biblia En Un Año: Salmos 91-93
Diré yo al Señor: Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío. --Salmo 91:2.
En su libro The Fisherman and His Friends [El pescador y sus amigos], Louis Albert Banks habla de dos hombres que recibieron la asignación de vigilar un barco mar afuera. Durante la noche, las olas de una fuerte tormenta tiraron a uno de ellos fuera de borda. El marinero que se ahogó había estado en el lugar más protegido, mientras que el que sobrevivió estaba más expuesto a los elementos. ¿Cuál fue la diferencia? El hombre que se perdió no tenía nada de qué agarrarse.
¡Qué imagen de la manera en que las pruebas de la vida afectan a algunas personas! Cuando la vida es pacífica son muy autosuficientes, pero cuando las cosas se ponen difíciles, son arrasadas. Puesto que han rechazado la ayuda de Dios y no tienen nada de qué agarrarse, se sienten abrumadas fácilmente.
Sin embargo, la gente que se aferra a Dios puede resistir las tormentas más violentas de la adversidad. Muchas veces se les oye decir: «No sé qué haría sin el Señor.» Saben que el Padre celestial siempre está con ellos para fortalecerlos, guardarlos y protegerlos.
Los que han puesto su esperanza en Dios tienen a Alguien en quien se pueden apoyar en todas las circunstancias de la vida. Pueden decir del Señor: «Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío» (Salmo 91:2). ¿Lo puedes decir tú? --Richard De Haan
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