Lectura: Salmo 102:1-17
La Biblia En Un Año: Salmos 94-96
Oh Señor, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor. --Salmo 102:1.
Las reuniones de oración pueden deprimir. Por mucho que uno esté deseoso de reunirse con amigos para orar, las peticiones pueden ser desalentadoras. Un misionero que tiene problemas de salud; un niño que tiene cáncer; una pareja de la escuela dominical que se va a divorciar; el misionero designado que no puede recaudar los fondos suficientes. . . Mientras más peticiones escuchas, más te agotas.
Pero entonces empieza a orar uno de esos guerreros de la oración. Con confianza da gracias a Dios por Su absoluto control sobre todas las cosas. Con lágrimas en los ojos suplica a Dios que obre en las vidas de aquellos por quienes se pide oración. Con honestidad reconoce que no siempre entiende lo que Dios está haciendo. Igual que el salmista, convierte un tiempo de quejas por los problemas del hombre en un tiempo de alabanza a Dios porque escucha. La oración se convierte en alabanza porque un santo cree que el Señor «ha considerado la oración de los menesterosos, y no ha despreciado su plegaria» (Salmo 102:17).
¿Estás luchando ahora mismo con dificultades en tu propia vida o con los problemas abrumadores de amigos y seres queridos? Aprende a entregárselos al Dios eterno. Así es como se aleja la tristeza de las reuniones de oración. --Dave Branon
|
Copyright © 2006 por Ministerios RBC Ministerios RBC es un miembro de grupo Gospel Communications Network (GCN) Para correspondencia general: literatura@rbc.org Para problemas técnicos: rbclatino@rbc.org
|