Lectura: Lucas 10:25-37
La Biblia En Un Año: Isaías 31-33
Pero cierto samaritano, que iba de viaje, llegó adonde él estaba; y cuando lo vio, tuvo compasión. --Lucas 10:33.
Mientras Francisco Venegas, un guardián de una escuela en Colorado, miraba a los niños en el patio de juego, vio a una niña de 9 años caerse de un banco sin ninguna razón aparente. Otra vez notó la cara de ella torcida en una extraña expresión. Al percibir que algo andaba mal, Francisco informó lo que había visto a la dirección de la escuela.
Unos días después, la niña sufrió un ataque epiléptico y la llevaron corriendo al hospital. La información que Francisco suministró llevó a los médicos a hacer una tomografía del cerebro y a encontrar un tumor. Operaron con éxito y la niña se recuperó.
Mucha gente ha llamado a Francisco Venegas «el buen samaritano», un nombre sacado de una historia que Jesús contó acerca de tres personas que vieron a un hombre en necesidad. Las primeras dos «pasaron por el otro lado del camino» (Lucas 10:31-32). Pero el tercero, un samaritano, mostró compasión (vv.33-35).
La compasión no puede ver a alguien en necesidad sin ayudar. Acepta las consecuencias de involucrarse porque no puede soportar ignorarlo. La compasión sale de un corazón tierno hacia Dios y a los otros viajeros de la vida.
La historia de Jesús del Buen Samaritano termina con un mandamiento para cada uno de nosotros: «Ve y haz tú lo mismo» (v.37). Jesús ve a todo el mundo con ojos de compasión, y nos llama a hacer lo mismo. --David McCasland
|
Copyright © 2006 por Ministerios RBC Ministerios RBC es un miembro de grupo Gospel Communications Network (GCN) Para correspondencia general: literatura@rbc.org Para problemas técnicos: rbclatino@rbc.org
|