Lectura: Isaías 54:1-10
La Biblia En Un Año: Isaías 52-54
. . . con misericordia eterna tendré compasión de ti -dice el Señor tu Redentor. --Isaías 54:8.
Después de una ronda de golf, un estadista británico y su amigo caminaron por un pasto en el cual había vacas pastando. Los hombres estaban tan absortos en la conversación que olvidaron cerrar la puerta cuando dejaron el área cercada.
Sin embargo, el estadista notó la puerta abierta y se devolvió para cerrarla. Luego dijo a su amigo que aquel pequeño incidente le recordaba a un médico que se estaba muriendo a quien un ministro preguntó si quería decir algo antes de que él se fuera. «No --contestó el médico-- excepto que en mi andar por la vida, creo que siempre he cerrado las puertas tras de mí.» El moribundo había aprendido a dejar atrás los fracasos y las decepciones para que no le robaran el gozo y la paz.
Como cristianos debemos aprender bien esa lección. Cuando pecamos, podemos «cerrar la puerta» a la culpa que nos molesta confesando nuestro pecado a nuestro Señor misericordioso y aceptando Su perdón (Isaías 54:7-10; 1 Juan 1:9). O, si tenemos un malentendido con alguien, en vez de permitir que la irritación se emponzoñe, debemos ir a esa persona y arreglar las cosas (Mateo 18:15).
Cerremos la puerta a los fracasos y las decepciones del pasado. Luego ¡prosigamos! --Richard De Haan
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