Lectura: Colosenses 3:12-17, Hebreos 10:24-25
La Biblia En Un Año: Daniel 10-12
Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos. . . . --Colosenses 3:16.
¿Qué tan importante es nuestra comunión en la iglesia local? Permítanme contestar esa pregunta contando una historia.
Un ministro estaba preocupado por la ausencia de un hombre que normalmente asistía a los cultos. Después de unas cuantas semanas decidió visitarlo. Cuando el pastor llegó a la casa del hombre lo encontró solo, sentado frente a una chimenea. El ministro haló una silla y se sentó junto a él. Pero después de su saludo inicial no dijo nada más.
Los dos se quedaron sentados en silencio durante unos minutos mientras el ministro miraba fijamente las llamas de la chimenea. Luego tomó las tenazas y recogió con cuidado una brasa de entre las llamas y la colocó en el fogón. Se sentó de nuevo en su silla, todavía en silencio. Su anfitrión observó en callada reflexión cómo la brasa titilaba y se apagaba. Al poco tiempo estaba fría y muerta.
El ministro echó un vistazo a su reloj y dijo que tenía que irse, pero antes, recogió la brasa fría y la colocó otra vez en el fuego. De inmediato la brasa empezó a brillar de nuevo con la luz y el calor de las brasas que ardían a su alrededor.
Cuando el ministro se levantó para irse, su anfitrión se puso de pie junto con él y le estrechó la mano. Luego, con una sonrisa dijo: «Gracias por el sermón, pastor. Lo veré en la iglesia el domingo.» --David Roper
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