Lectura: Juan 1:1-14
La Biblia En Un Año: Lucas 22-24
Este [Juan] vino como testigo, para testificar de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él. --Juan 1:7.
Una cadena de moteles tenía una vez una serie de comerciales en la radio que terminaban con estas tranquilizadoras palabras: «Le vamos a dejar la luz encendida.» Mi mamá solía decirme lo mismo.
A veces yo trabajaba por la noche en la fábrica, o regresaba de la universidad tarde. Independientemente de la razón o la hora, la luz del pórtico estaba prendida. Sus calurosos rayos parecían decir: «Este es tu sitio. Alguien aquí te ama. Estás en casa.»
Jesús dijo que nosotros los que le conocemos como Salvador y Señor somos luces en este mundo oscurecido por el pecado (Mateo 5:14-16). Somos reflejos de Cristo, el cual es «la luz verdadera» (Juan 1:9).
Así como Juan el Bautista fue «testigo de la luz» y condujo personas a Cristo (v.7), nosotros podemos serlo también. Nuestro andar fiel de obediencia a Él es un rayo del amor y la verdad de Dios. Nuestras vidas y palabras son rayos de calurosa luz que penetran la fría oscuridad de este mundo. Somos como una luz encendida en el pórtico tarde en la noche, atrayendo incrédulos a Cristo, asegurándoles que Alguien los ama y espera darles la bienvenida a casa.
Tal vez un miembro de tu familia esté todavía en la oscuridad. Quizás estés preocupado por un amigo o compañero de trabajo. No dejes de orar por esa persona. Sigue buscando formas de llevar su atención al Señor. Asegúrate de dejar la luz encendida. --Dave Egner
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