Lectura: Romanos 9:1-5
La Biblia En Un Año: Romanos 9-11
Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne. --Romanos 9:3.
Felipe Garza tenía 15 años cuando dio su corazón. Su novia, Donna Ashlock, se había enfermado gravemente y necesitaba un trasplante de corazón. Un día, él dijo a su mamá inexplicablemente: «Voy a morir y le voy a dar mi corazón a mi novia.» Tres semanas después murió de repente al rompérsele un vaso sanguíneo en el cerebro. Los médicos, entonces, tomaron el corazón de Felipe y lo dieron a Donna, salvándole así la vida.
El amor de ese chico ilustra el deseo de Pablo por sus conciudadanos judíos. Él también habló de dar su vida para que otros pudieran vivir. Sin embargo, Pablo estaba pensando en la vida eterna. Él dijo que si fuera posible (y sabía que no lo era), soportaría la pérdida de su propia salvación si eso daba como resultado la salvación del pueblo que tanto amaba (Romanos 9:3).
A pesar de su deseo de rescatar al pueblo que amaba de una eternidad apartada de Cristo, Pablo no podía soportar el infierno en lugar de sus conciudadanos. No obstante, su expresión de amor nos recuerda lo que Jesús hizo. En realidad Él sí soportó el infierno por nosotros y dio su vida para que nosotros pudiéramos vivir.
Señor, sabemos que no podemos morir para ganar la salvación de otra persona. Pero por tu Espíritu, danos un amor al que le importe más el bienestar eterno de los demás que nuestro propio consuelo temporal. A Ti y luego a ellos damos nuestro corazón. --Mart De Haan
|
Copyright © 2006 por Ministerios RBC Ministerios RBC es un miembro de grupo Gospel Communications Network (GCN) Para correspondencia general: literatura@rbc.org Para problemas técnicos: rbclatino@rbc.org
|