Lectura: 2 Corintios 1:3-11
La Biblia En Un Año: Santiago 1-2
[Dios] nos consuela en toda tribulación nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción. . . . --2 Corintios 1:4.
Unos cuantos días antes de la Navidad recibimos un hermoso arreglo floral con una tarjeta que decía: «Recordamos tu pérdida y te deseamos a ti y a tu familia una Navidad y Año Nuevo de mucha bendición. Los queremos y oramos por ustedes. Dave y Betty.»
Siete meses antes, mi hermana Marti y su esposo Jim habían muerto en un accidente de tránsito. Esa era nuestra primera Navidad sin ellos. Por eso fue de mucho aliento tener amigos que reconocieran nuestra pérdida y expresaran su amor de una forma tangible.
Dave y Betty entendían nuestra necesidad de afligirnos y encontrar la sanidad de Dios porque 20 años antes su hija se había suicidado. Puesto que habían experimentado el consuelo del Señor en el correr de los años, pudieron acompañarnos con su sensibilidad y su cuidado.
Ese acto de amor fue un ejemplo impresionante de las palabras de Pablo: «. . . Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda tribulación nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Corintios 1:3-4).
Cuando Dios toca nuestros quebrantados corazones con su paz nos equipa de manera singular para compartirla con los demás. ¡Qué regalo tan maravilloso para dar y recibir en la Navidad! --David McCasland
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