Nuestro Pan Diario

23 de diciembre, 2003


Río de perdón

Lectura: 1 Juan 1:5-9

La Biblia En Un Año: 1 Juan 1-2

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. --1 Juan 1:9.


Según la mitología griega, el rey Augías poseía un establo con 3.000 bueyes. Sus caballerizas no se habían limpiado en 30 años, y de ahí que la palabra «augías» en español se usa por extensión para referirse a algo sucísimo a causa de la negligencia. Hércules, el mítico hombre fuerte, recibió la orden de limpiar el establo de Augías en un solo día.

Cuando Hércules vio el establo por primera vez se quedó consternado por el tamaño, la suciedad y el mal olor. Entonces notó que estaba localizado entre dos grandes ríos: el Alfeo y el Peneo. Puso a trabajar su gran fortaleza y desvió los ríos para que fluyeran a través de la edificación. En poco tiempo, el establo quedó limpio.

Por supuesto que la historia es un mito, pero por su misma naturaleza, los mitos preservan los anhelos de las culturas que los abrazan y los perpetúan. Yo creo que la historia refleja nuestro propio anhelo de tener a alguien que lave nuestra vida y saque de ella la basura y el sucio que se han acumulado con los años.

Existe un poderoso río de perdón que fluye de la cruz de Cristo. No hay corrupción, por muy «augía» que sea, que pueda resistir su flujo limpiador. Cuando confesamos humildemente nuestros pecados, toda nuestra injusticia queda lavada (1 Juan 1:9). Podemos estar seguros de que nuestros pecados «que son muchos, han sido perdonados» (Lucas 7:47). --David Roper

LA CONFESIÓN A DIOS SIEMPRE TRAE LA LIMPIEZA DE DIOS.

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