Lectura: Lucas 8:40-42, 49-56
La Biblia En Un Año: Jueces 4-6, Lucas 4:31-44
. . . vino alguien de la casa del oficial de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto. . . . --Lucas 8:49.
Nunca antes había pensado mucho en Jairo. Sí había escuchado la historia sobre este oficial de la sinagoga, y sabía que él había suplicado a Jesús que fuera a su casa y sanara a su hija moribunda. Pero nunca entendí la profundidad de su tristeza. Nunca entendí cómo debe haberse destrozado su corazón de dolor cuando un mensajero llegó a él y anunció: "Tu hija ha muerto."
No, nunca comprendí su aflicción y su angustia. . . hasta que escuché esas mismas palabras de la boca de un policía que vino a nuestra casa el 6 de junio de 2002.
La hija de Jairo tenía 12 años y murió de una enfermedad. Nuestra hija tenía 17, y fue un accidente automovilístico lo que destrozó el corazón de nuestra familia.
La hija de Jairo fue restaurada a la vida por el toque de Jesús. Mi hija Melissa, aunque nos duele saber que no fue sanada físicamente, fue sanada espiritualmente por el sacrificio de amor de Jesús cuando ella lo aceptó como Salvador temprano en su vida. Ahora nuestro consuelo viene de saber que su existencia eterna con el Señor ya ha comenzado.
Dos hijas. El mismo Jesús. Dos resultados distintos. Su toque de amor y compasión es un milagro que puede dar paz a los corazones afligidos. . . como el de Jairo, el mío, el tuyo. --Dave Branon
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