Lectura: Salmo 127
La Biblia En Un Año: --2 Reyes 24--25, Juan 5:1-24
He aquí, don del Señor son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre. .
Tengo una amiga --a la que llamaremos "María"-- que me dice que su recuerdo favorito es la mañana en que rompió el cristal "inapreciable" de su mamá.
La mamá de María iba a dar una fiesta. Había sacado su fino cristal de la alacena y lo había lavado cuidadosamente para colocarlo sobre la mesa. El cristal representaba la única posesión material de valor que su madre tenía, y sólo se usaba en ocasiones especiales.
En su agitación para preparar las cosas para sus invitados, la madre de María dijo a su hijita: "¿Podrías buscar, por favor, un lugar que no sea el piso?" Así que María se metió debajo de la mesa. Desafortunadamente pateó la pata de la mesa y el cristal cayó al piso. "Los cristales explotaron como una granada fragmentaria" --recuerda ella. Había destruido la posesión más elegante de su madre.
"Estoy tan apenada" --dijo la niña sollozando. Su madre la tomó en brazos y le susurró: "No llores, cariño. Tú vales mucho más para mí que un mero cristal."
Los niños son en verdad nuestra posesión más valiosa, más preciada que cualquier cosa que podamos comprar o ganar. Son un "don del Señor" y una "recompensa" (Salmo 127:3).
¿Saben tus hijos lo queridos que son para ti? ¿Por qué no se los dices hoy mismo? --David Roper
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