Lectura: Juan 17:20-26
La Biblia En Un Año: 1 Crónicas 19--21, Juan 8:1-27
Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria. . . . --Juan 17:24.
Un maestro de escuela dominical hizo una serie de preguntas a unos niños de cinco años de edad para ayudarlos a darse cuenta de que la única manera de llegar al cielo es confiando en Jesús. El maestro les preguntó: "Si lo vendo todo y le doy el dinero a la iglesia, ¿voy al cielo por eso?" "No" --contestaron. "¿Y si mantengo las cosas muy limpias en la iglesia?" Otro "No". "Si quiero a mi familia, soy bueno con los animales y doy dulces a todos los niños que me encuentre, ¿voy al cielo por eso?" Otro unánime "No". Y luego preguntó: "¿Qué tengo que hacer para ir al cielo?" Un niño gritó: "Tiene que estar muerto."
Esa no era la respuesta que el maestro esperaba, pero el niño tenía razón. La Biblia nos dice que todos debemos dejar nuestros cuerpos de carne y hueso (1 Corintios 15:50-52). A menos que estemos vivos cuando Cristo vuelva, todos debemos morir antes de entrar en su presencia.
El predicador británico Charles Haddon Spurgeon captó esta verdad en un sermón titulado "Porqué nos dejan". Señaló que la oración de Jesús en Juan 17:24 es contestada cada vez que un cristiano muere. La persona deja su cuerpo y entra en la presencia de su Salvador, adonde ve Su gloria. ¡Qué consuelo para el creyente! Revela el lado bueno de morir. ¿Tienes esa confianza? --Herb Vander Lugt
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