Lectura: Filipenses 1:12-17
La Biblia En Un Año: 2 Crónicas 25-27, Juan 16
Y quiero que sepáis, hermanos, que las circunstancias en que me he visto, han redundado en el mayor progreso del evangelio. --Filipenses 1:12.
Yo no estoy muy interesado en joyas. Un anillo de matrimonio es todo lo que siempre deseé. . . hasta ahora. Junto a mi anillo de matrimonio, en el dedo meñique de mi mano izquierda, descansa un sencillo aro de plata. Era de mi hija Melissa.
Poco después de que Melissa muriera en un accidente automovilístico en junio del año 2002, sólo seis semanas antes de cumplir 18 años, yo estaba en su dormitorio cuando encontré el anillo. Recuerdo haberlo visto en su hermosa mano.
Me lo puse y me sorprendí de que me sirviera. Ahora lo llevo puesto todo el tiempo. He aquí la razón: lo puedo mirar o tocar y sentirme cerca de mi querida hija. El saber que adornaba sus dedos conmueve mi corazón cuando más la extraño.
Pero existe otra razón para llevarlo. Quiero que la gente lo note y que me pregunte al respecto. Entonces les puedo hablar de Melissa y de su vida de amor, fe y diversión. Espero que inicie conversaciones que me permitan introducir a la gente al Salvador de Melissa y al mío propio.
El apóstol Pablo usó sus cadenas --su encarcelamiento-- para avanzar el evangelio (Filipenses 1:12). No es que le gustara estar en la cárcel, pero sabía que eso podía llevar a buenos propósitos. Es como el anillo. Me gustaría que no fuera mío, que Melissa todavía lo estuviera disfrutando. Pero no es así, y yo deseo que esta trágica circunstancia glorifique a Dios.
¿Hay en tu vida alguna pérdida que Dios pueda usar? --JDB
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