Nuestro Pan Diario

2 de agosto, 2004


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El aceite de la ayuda

Lectura: Isaías 61:1-3

La Biblia En Un Año: Salmos 60-62, Romanos 5

. . . me ha ungido el Señor . . . para . . . que . . . se les dé diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto. . . . --Isaías 61:1,3.


Hay una historia de un anciano excéntrico que llevaba con él una lata de aceite adondequiera que iba. Si pasaba por una puerta chirriante o tiesa, aplicaba aceite a las bisagras. Su costumbre de lubricar las cosas hacía la vida más fácil a los que venían detrás de él.

Casi a diario encontramos personas cuyas vidas crujen y chirrian severamente por los problemas. En tales situaciones tenemos dos opciones: o bien agravar los problemas con un espíritu de crítica, o lubricar sus vidas en el Espíritu de Cristo.

Algunas de las personas que encontramos llevan cargas insoportables y anhelan el aceite de una palabra de solidaridad. Otras están derrotadas y tienen deseos de darse por vencidas. Tan solo una gota de aliento podría restaurar su esperanza. Y hay otras que son malas y están endurecidas por el pecado. Los tales pueden volverse dóciles ante la gracia salvadora de Cristo por medio de aplicaciones regulares del aceite de la amabilidad.

Cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador y Señor, el Espíritu Santo mora dentro de nosotros y nos equipa para bendecir a los demás. Si estamos preparados para derramar el aceite de la ayuda de Dios todos los días y en todas partes, comenzando en casa, ministraremos la belleza de Cristo y el aceite del gozo a muchas personas que sufren.

Tal vez, después de todo, el anciano de la lata de aceite no era tan excéntrico. --JEY

EL ESPÍRITU HUMANO PUEDE OBTENER UNA NUEVA ESPERANZA EN UNA PALABRA DE ALIENTO.

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