Lectura: Habacuc 3:17-19
La Biblia En Un Año: Génesis 16-19
. . . Dios . . . nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. --Efesios 1:3.
Arthur Ashe, la superestrella del tenis, murió de SIDA, el cual contrajo en una transfusión de sangre durante una operación de corazón. Más que un gran atleta, Ashe era un caballero que inspiraba y alentaba a muchos con su conducta ejemplar, tanto dentro como fuera de la cancha.
Ashe pudo haberse amargado y autocompadecerse ante su enfermedad. Sin embargo, mantuvo una actitud agradecida. He aquí su explicación: «Si preguntara “¿por qué yo?” respecto a mis problemas, tendría que preguntar “¿por qué yo?” respecto a mis bendiciones. ¿Por qué gané Wimbledon? ¿Por qué me casé con una mujer hermosa y talentosa y tuve un hijo maravilloso?»
La actitud de Ashe nos reprende a los que nos quejamos a menudo diciendo: «¿Por qué yo? ¿Por qué permite Dios que esto suceda?» Incluso si estamos sufriendo agudamente no debemos olvidar las misericordias que Dios derrama sobre nuestra vida --cosas como alimentos, abrigo y amigos-- bendiciones de las que muchos están privados.
¿Y las bendiciones espirituales? Podemos tener en nuestras manos la mera Palabra de Dios y leerla. Tenemos el conocimiento de su gracia salvadora, el consuelo de su Espíritu, y la gozosa seguridad de la vida eterna con Jesús.
Piensa en las bendiciones de Dios y pregunta: «¿Por qué yo?» Entonces tus quejas darán paso a la alabanza. --VCG
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