Lectura: Romanos 8:31-39
La Biblia En Un Año: Éxodo 8–10
Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. . . . --1 Juan 3:1.
Todavía me acuerdo cuando estaba en la escuela elemental y mis ojos vieron por primera vez los de una niña de ojos marrones que estaba sentada a un par de filas de distancia de mí. Es difícil expresarlo con palabras, pero algo sucedió. Fue mi primer caso de amor pueril. Aquellos eran los días en que tomábamos una margarita y le arrancábamos los pétalos uno a uno al tiempo que decíamos, pensando en alguien en particular: «Me quiere, no me quiere.» Oh, ¡cuánto dolía cuando el último pétalo de la margarita coincidía con la frase: «No me quiere.»
Esto me recuerda a una niña que fue corriendo a su casa una mañana llorando mucho: «¿Qué pasó, querida?» --le preguntó la madre. Tirándose en sus brazos dijo: «Dios ya no me quiere.» «Por supuesto que te quiere» --le dijo la madre tranquilizándola. «No, no me quiere --dijo la niña sollozando--. Lo sé porque lo probé con una margarita.»
La única forma confiable de saber que Dios nos ama es considerando todo lo que hace por nosotros cada día. Y si todavía quedara alguna duda, ¡piensa en lo que hizo para salvarnos! La Biblia dice: «Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8).
Podemos confiar en el amor inalterable de Dios porque lo ha demostrado más allá de toda duda. Sí, su amor es cosa segura. --RWD
|
Copyright © 2006 por Ministerios RBC Ministerios RBC es un miembro de grupo Gospel Communications Network (GCN) Para correspondencia general: literatura@rbc.org Para problemas técnicos: rbclatino@rbc.org
|