Lectura: Juan 3:1-16
La Biblia En Un Año: Salmos 37–39
. . . el que no nace . . . del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. --Juan 3:5.
El pastor Craig estaba sosteniendo una intensa conversación en un club de salud con Jacob, un hombre de quien se había hecho amigo. Comenzó después que Jacob se subió a una biciclieta para hacer ejercicios junto a él. Craig preguntó: «¿Vas a ver la película La pasión de Cristo?» «No» –fue la rápida respuesta. Mientras los dos hombres pedaleaban uno al lado del otro, conversaron por media hora sobre el propósito de la muerte de Jesús. Cuando se separaron, Jacob dijo: «Todavía creo que no voy a ver la película.»
Craig se sintió frustrado. Nada le agradaría más que ver a Jacob abrir su corazón a Cristo. Pero él no veía evidencia alguna de que Jacob fuera a cambiar de opinión.
Como creyentes en Jesús, a veces nos sentimos frustrados cuando la gente que no es creyente se niega a confiar en Él. Cuando eso pase debemos recordar que nuestro papel es obedecer el mandato de hablar a los demás de Cristo; la obra del Espíritu Santo es convencerlos y salvarlos. La gente necesita nacer del Espíritu (Juan 3:5,7); no podemos creer por ellos ni redimirlos. Él es quien convence de pecado, perdona e imparte nueva vida de lo alto. No tenemos poder para hacer nada más. . . excepto orar.
Nosotros testificamos fielmente y oramos, y Dios hace el milagro de la salvación. --DCE
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