Lectura: Romanos 7:14-25
La Biblia En Un Año: Salmos 79-81
. . . ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? --Romanos 7:24.
Los emperadores romanos veían la tortura como una manera legítima de dar fuerza a sus leyes. Eran conocidos por atar el cuerpo de una víctima de asesinato a la espalda del asesino. Bajo pena de muerte, nadie podía liberar al criminal condenado.
Esta terrible práctica trae a la mente las palabras del apóstol Pablo en Romanos 7. Es como si él sintiera que algo muerto estaba amarrado a él y lo acompañaba adondequiera que iba.
Como hijos de Dios, anhelamos la pureza y la santidad, pero a veces nos sentimos irremediablemente atados al "cuerpo muerto" de nuestra carne. A pesar de que somos nuevas criaturas en Cristo y sabemos que el cuerpo físico mismo no es malo, la tendencia a pecar siempre está con nosotros. Esto nos hace clamar junto con el apóstol: "¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?" (v.24).
Pablo contestó su propio clamor en el capítulo 8. Dijo que a través del perdón de Cristo somos liberados de la condenación eterna (v.1). Luego, por la fortaleza del Espíritu Santo que mora en nosotros, recibimos poder para hacer la voluntad de Dios (v.9). Y un día en el cielo, estos cuerpos mortales nuestros serán redimidos (v.23). No estamos irremediablemente atados por la carne.
¡Alabado sea Dios! ¡Cristo destruyó el poder del pecado! Podemos servirle en novedad de vida. --MRD
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