Lectura: Efesios 5:1-10
La Biblia En Un Año: Abdías, Jeremías 1-2
Entre ustedes ni siquiera debe mencionarse . . . ninguna clase de impureza o de avaricia. . . . Tampoco . . . conversaciones necias ni chistes groseros. . . . --Efesios 5:3-4 (NVI).
Abraham Lincoln afrontó enormes presiones cuando era presidente durante la Guerra Civil norteamericana. Sin humor, dudamos que hubiera podido soportar la tensión. Cuando las emociones se exacerbaban en las reuniones de gabinete, a menudo contaba una historia jocosa para bajar la tensión. Reírse de sí mismo le impedía volverse defensivo. Y una buena historia con un punto fuerte a veces le ganaba un oponente.
La espontaneidad del humor refleja la manera en que Dios creó al hombre. Es beneficioso tanto física como emocionalmente. La risa puede impedir que una situación tensa termine en palabras amargas o en resentimientos.
Aunque Jesús era un "varón de dolores y experimentado en aflicción" (Isaías 53:3), yo creo que se reía a menudo. A veces Jesús usaba el humor para enseñar algo. ¡Imagínate un camello tratando de escurrirse por el ojo de una aguja! (Mateo 19:24).
Pero también existe un lado oscuro en el humor. Pablo lo llamó "chistes groseros", y dijo que no deben tener lugar en la vida del creyente (Efesios 5:4). Estos chistes deshonran, denigran y contaminan a los que los usan y a quienes los escuchan.
Entonces, ¿de qué nos reímos? ¿Qué clases de historias nos contamos unos a otros? ¿Se reiría Jesús con nosotros? Yo creo que sí. . . siempre que el humor sea sano. --DJD
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