Nuestro Pan Diario

28 de agosto, 2005


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La belleza del silencio

Lectura: Salmo 62:1-8

La Biblia En Un Año: 1 Crónicas 20-23

En Dios solamente espera en silencio mi alma. . . . --Salmo 62:1.


En la iglesia adonde asistíamos cuando yo era un adolescente estaban escritas sobre la pared detrás del púlpito las siguientes palabras: "Pero el SEÑOR está en su santo templo: calle delante de Él toda la tierra" (Habacuc 2:20). ¡Y callábamos! Ninguno de nosotros, ocho muchachos, nos decíamos nada el uno al otro mientras estábamos sentados esperando que comenzara el culto.

A mí me encantaba aquel momento de silencio y a menudo lograba alejar de mi mente pensamientos sobre chicas y sobre mi equipo favorito de béisbol. Hacía todo lo posible por tratar de reflexionar en la maravilla de Dios y su salvación. Y en el silencio, muchas veces percibía su presencia.

Hoy día vivimos en un mundo ruidoso. Mucha gente ni siquiera puede conducir sin una música estridente en el auto, o sin el compás del bajo vibrando en el vehículo. Incluso muchos cultos de iglesia se caracterizan más por el ruido que por la tranquila reflexión.

En tiempos antiguos, los paganos gritaban ruidosamente a sus ídolos (1 Reyes 18:25-29). En agudo contraste, el salmista veía la sabiduría que hay en el silencio, porque en callada reverencia se puede escuchar a Dios. En la quietud de la noche bajo un cielo estrellado, en un santuario acallado o en el silencio de una habitación en la casa, podemos reunirnos con el Dios vivo y escucharle hablar.

Las palabras del salmista son pertinentes hoy: ". . . espera en silencio solamente en Dios. . ." (Salmo 62:5). --HVL

SI QUIERES ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS, BAJA EL VOLUMEN DEL MUNDO.

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