
Lectura: Salmo 23
La Biblia En Un Año: Números 31-33, Marcos 9:1-29
. . . me conduce. --Salmo 23:2.
A mi perro Whitaker y a mí nos gusta dar caminatas temprano en la mañana por el bosque. Él corre delante de mí mientras yo ando a pasos cómodos, meditando u orando. Yo sé a dónde vamos; él no está seguro. Yo permanezco en el camino y él trota delante de mí: olfateando, investigando y haciendo incursiones en el bosque de vez en cuando para perseguir ardillas listadas, reales o imaginarias.
Aunque Whit va delante, yo soy el que conduce. De vez en cuando él comprueba dónde estoy. Si acaso he dado la vuelta para volver a casa o me he ido por otro camino, escucho sus patas golpeando el suelo y su respiración jadeante mientras corre para alcanzarme. Si me escondo detrás de algún matorral, él corre al último lugar adonde me vio y me rastrea. Entonces recorremos el camino juntos otra vez.
Así sucede cuando Dios conduce. Él conoce el camino porque lo ha preparado. Pero a veces puede que no lo veamos, y por eso hacemos lo mejor que podemos para ir a donde Él quiere que vayamos siguiendo la guía de su Palabra. Otras veces puede parecer que Dios se oculta de nosotros. Su paso tal vez no sea tan rápido como quisiéramos, o quizás queramos que Él vaya más despacio.
Así como Whitaker se mantiene mirando hacia atrás para buscarme, nosotros tenemos que buscar a Dios y su Palabra en todos los cruces importantes a los que lleguemos en el camino. Debemos apoyarnos en la dirección de su Espíritu.
En eso pensé hoy cuando caminaba con Whitaker. --DCE
|
Copyright © 2006 por Ministerios RBC Ministerios RBC es un miembro de grupo Gospel Communications Network (GCN) Para correspondencia general: literatura@rbc.org Para problemas técnicos: rbclatino@rbc.org
|