
Lectura: Isaías 49:13-18
La Biblia En Un Año: Josué 13-15, Lucas 1:57-80
Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen. --Salmo 103:13.
Varias madres de niños pequeños estaban compartiendo alentadoras respuestas a la oración. Una de ellas admitió que se sentía egoísta cuando molestaba a Dios con sus necesidades personales. "Comparadas con las enormes necesidades mundiales que Dios enfrenta --explicó-- mis circunstancias deben parecerle triviales."
Momentos después, su hijito se pellizcó los dedos en una puerta y salió corriendo a buscar a su mamá. Ella no le dijo: "¡Qué egoísta eres al molestarme con que te duelen los dedos cuando estoy ocupada!" No, ella le mostró una gran compasión y ternura.
Tal como nos recuerda el Salmo 103:13, esa es la respuesta del amor, tanto humano como divino. En Isaías 49, Dios dijo que aunque una madre olvidara tener compasión de su hijo, el Señor nunca olvida a sus hijos (v.15). Dios aseguró a su pueblo: ". . . en las palmas de mis manos, te he grabado. . ." (v.16).
Tal intimidad con Dios pertenece a los que le temen, y a los que se apoyan en Él y no en sí mismos. Igual que ese niño al que le dolían los dedos corrió a encontrar a su madre, nosotros podemos correr hacia Dios con nuestros problemas diarios.
Nuestro Dios compasivo no descuida a los demás para responder a tus preocupaciones. Él tiene tiempo y amor sin límites para cada uno de sus hijos. No hay necesidad demasiado trivial para Dios. --JEY
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