
Lectura: Salmo 71:9-18
La Biblia En Un Año: 1 Samuel 17-18, Lucas 11:1-28
. . . y sucederá que a la hora de la tarde habrá luz. --Zacarías 14:7.
Es maravilloso ser joven, tener la vista clara, una audición aguda, pasos elásticos y un pulso que tamborea a la marcha de una salud vigorizante. Pero la ancianidad tiene glorias que la juventud no puede conocer. Es, en verdad, una ancianidad bienaventurada si termina con lucidez a la hora de la noche.
La ancianidad celebra la cosecha; la juventud, la siembra. Igual que los frutos en el otoño, la cosecha de la edad anciana se secará y se marchitará, o se volverá tierna y más dulce a medida que madura.
Uno no se puede escapar de los años que pasan. La juventud se queda solamente lo suficiente como para fortalecer nuestros hombros para las cargas que hay por delante. La vida conduce inevitablemente a la hora de la noche. Sin embargo, las mejores cosas son las viejas, cosas que han soportado y pasado la prueba del tiempo. El mismo Dios, aunque no está sujeto a tiempo, recibe el nombre de Anciano de Días (Daniel 7:9).
No te avergüences de tu edad. Todo lo que permanece debe envejecer: las montañas, los ríos, los mares, las estrellas.
No obstante, el tiempo de la noche de la vida puede ser brillante únicamente si tenemos al que es Luz como nuestro Sol de noche. Nada es más triste que una persona que envejece y a quien le espera la eternidad sin Jesús. Y nada es más dulce que un cristiano que se vuelve cada vez más tierno y que sigue creciendo y descansando en Cristo a medida que hace frente al mañana con confianza. --Dr. M.R. De Haan
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