Lectura: Hechos 6:9-15
La Biblia En Un Año: 2 Crónicas 28-29, Juan 17
Y al fijar la mirada en él, todos los que estaban sentados en el concilio vieron su rostro como el rostro de un ángel. —Hechos 6:15
Cuando miras en un espejo, ¿qué ves? ¿Ves un reflejo encantador? ¿Un rostro guapo? ¿O ves un rostro simple y no atractivo?
Queremos dar a los que nos miran lo que mi amigo llama una bendición estética. Pero, ¿y la belleza de la santidad? ¿Resultan los demás bendecidos por la belleza que fluye a través de nosotros procedente de Cristo?
J. B. Lightfoot, un distinguido erudito bíblico del siglo XIX, fue descrito por uno de sus dedicados estudiantes como «pavorosamente feo: un hombrecito corpulento con una figura grotesca y la mirada desviada». Pero ese mismo estudiante también dijo que Lightfoot era «el mejor hombre que he encontrado jamás, y digo esto a propósito después de una experiencia de muchos años. En uno o dos días . . . su rostro parecía la cosa más hermosa y encantadora que uno se puede imaginar».
Cuando a Esteban lo llevaron ante el concilio judío para interrogarlo, «no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba» (Hechos 6:10). Mientras lo acusaban, ellos «vieron su rostro como el rostro de un ángel» (v.15).
Por la gracia transformadora de Dios, nosotros también podemos tener una belleza diaria en nuestra vida. A medida que andamos en el Espíritu en actitud de oración, nuestros rostros reflejan cada vez más la belleza de Jesús. —VCG
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