Nuestro Pan Diario

26 de junio, 2006


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Dos Grandes Temores

Lectura: Salmo 107:23-32

La Biblia En Un Año: Job 5-7, Hechos 8:1-25

. . . y Él los guió al puerto anhelado. —Salmo 107:30


El Salmo 107 nos habla de «los que descienden al mar en naves» (v.23). En su viaje por el mar, ven a Dios como Aquel que está detrás de la tormenta tempestuosa y el que la calma. En el mundo de los barcos de vela existían dos grandes temores. Uno de los temores era encontrarse con un viento muy fuerte, y el otro era no tener viento alguno.

En la «Rima del antiguo marinero» (The Rime of the Ancient Mariner), el poeta inglés Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) describe las tempestades y las calmas en el mar. Dos versos se han hecho de uso corriente:

Agua, agua por doquier, y sin embargo,
No hay ni una gota que beber.

En las latitudes adonde hay calmas, el viento muere y un barco de vela permanece estacionario. El capitán y la tripulación quedan «varados» sin alivio alguno en el horizonte. Con el tiempo, si no hay vientos, se les termina el suministro de agua.

A veces la vida exige que resistamos una tormenta. Otras veces nos pone a prueba en medio del tedio. Tal vez nos sintamos varados. Lo que más deseamos está fuera de nuestro alcance. Pero ya sea que nos encontremos en una crisis de circunstancias o en un lugar adonde el viento espiritual se ha ido de nuestras velas, necesitamos confiar en Dios para que nos guíe. El Señor, que es soberano sobre las circunstancias que cambian, con el tiempo nos guiará a nuestro puerto anhelado (v.30). —DF

DIOS ORDENA TANTO NUESTROS PASOS COMO NUESTRAS PARADAS.

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