Lectura: 2 Samuel 16:5-12
Quizá el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por su maldición de hoy. —2 Samuel 16:12
A diferencia de David en 2 Samuel 16, a nosotros nos gusta tomar venganza, silenciar a nuestros críticos, insistir en que se nos trate con justicia, y en arreglarlo todo. Pero David les dijo a aquéllos que quisieron defenderlo: «Dejadlo [a Simei] que siga maldiciendo, porque el Señor se lo ha dicho» (v. 11).
Me parece que, a medida que pasan los años, nos hacemos más conscientes del amor protector de Dios, al igual que David. Nos preocupamos menos por lo que los demás digan acerca de nosotros y estamos más dispuestos a entregarnos a nuestro Padre. Aprendemos la humilde sumisión a la voluntad de Dios.
Por supuesto, podemos pedirles a nuestros oponentes que justifiquen sus acusaciones, o podemos recibirlos con una rotunda negación si nos acusan falsamente. Pero cuando hemos hecho todo lo que podemos hacer, lo único que queda es esperar pacientemente hasta que Dios nos justifica.
Mientras tanto, es bueno ver más allá de las palabras de aquéllos que nos vilipendian a la voluntad de Aquel que nos ama con amor infinito. Necesitamos decir que lo que sea que Dios permita para nosotros es Su bien máximo para nosotros o para los demás —aun cuando nuestros corazones se hagan pedazos y derramemos lágrimas amargas.
Tú estás en las manos de Dios, sin importar lo que los demás digan acerca de ti. Él ve tu angustia, y con el tiempo te pagará con bien. Confía en Él y permanece en Su amor. —DHR
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