Lectura: Salmos 8
Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas . . . ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes? —Salmos 8:3-4
Durante un paseo por el pintoresco Jardín de los Dioses en Colorado Springs, nuestra atención se desvió de las inmensas y majestuosas rocas de arenisca hacia dos personas que llevaban puestos trajes de robot caseros. El parque estaba apiñado de turistas de verano quienes inmediatamente comenzaron a tomar fotografías de los robots mientras que sus hijos se arremolinaban a su alrededor para tocarlos y hablarles. Las personas que habían venido a admirar la silenciosa belleza de la creación de Dios estaban ahora observando a unos tipos en trajes de cartón rociados con pintura plateada.
Eso me hizo recordar mi tiempo a solas con Dios. Cuán a menudo me siento para buscar al Señor a través de la lectura bíblica y la oración, tan sólo para ser distraído por el periódico, alguna cuenta sin pagar, o alguna lista de cosas por hacer. El salmista tenía un mejor enfoque cuando escribió: «¡Oh Señor, Señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra, que has desplegado tu Gloria sobre los cielos! Cuando veo tus cielos, . . . ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?» (Salmos 8:1, 3-4).
Mientras contemplaba al Señor y meditaba en Su creación, la actitud presumida del salmista cambió a una actitud de humilde agradecimiento por la bondad de Dios. Esto también puede ser cierto para nosotros, si mantenemos a los robots y a las rocas en la perspectiva correcta. —DCM
Es bueno adorar a Dios en la naturaleza si esto nos lleva a adorar al Dios de la naturaleza.
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