Lectura: Proverbios 30:1-9
No me des pobreza ni riqueza; dame a comer mi porción de pan. —Proverbios 30:8
La prosperidad y la adversidad son destructores con igualdad de oportunidades. Los extremos de la vida pueden ser peligrosos porque una persona con demasiado puede encontrar tanta dificultad como una persona con demasiado poco.
Agur, el autor de Proverbios 30, debió haber percibido este peligro cuando oró: «Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas, no me des pobreza ni riqueza; dame a comer mi porción de pan, no sea que me sacie y te niegue, y diga: ¿Quién es el Señor?, o que sea menesteroso y robe, y profane el nombre de mi Dios» (Proverbios 30:8-9).
Una petición similar se da en un bello himno coral compuesto por B. Harlan:
Escribe Tu nombre bendito,
Oh Señor, en mi corazón,
Para que allí quede indeleble inscrito
Para que ni prosperidad ni adversidad
Me alejen de Tu amor.
En Proverbios 30 el enfoque está en las circunstancias, mientras que la canción se centra en el estado de nuestro corazón. Tal vez debemos orar para que Dios nos guarde en ambas áreas de nuestras vidas.
El difunto Dr. Carlyle Marney, un prominente pastor, a menudo decía que la mayoría de nosotros necesitamos tener nuestro «queredor» arreglado. En vez de estar siempre queriendo más, debemos buscar el equilibrio expresado en Proverbios 30.
Cuando invitamos al Señor que ponga Su marca de propiedad en nuestras vidas, reconocemos Su provisión sabia y amorosa para todas nuestras necesidades. —DCM
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