Lectura: Génesis 12:1-9
Por la fe Abraham, al ser llamado, obedeció, saliendo para un lugar que había de recibir como herencia. —Hebreos 11:8
Una de las experiencias más angustiosas de la vida es separarnos de las cosas y de las personas que amamos. A menudo es difícil dejar una casa que contiene tantos recuerdos agradables, y siempre es duro decirle adiós a nuestros seres queridos cuando debemos dejarlos.
Así que no fue fácil para Abraham obedecer la demanda de Dios de separarse de su país y de sus amigos y parientes. Sin embargo, sin la obediencia al mandamiento de Dios, no habría bendición para él o para sus descendientes.
Dios llamó a Abraham a esta vida de consagración especial porque lo había elegido para ser el canal a través del cual Él obraría Su plan de redención. La raza humana se había rebelado y se había vuelto idólatra, y Abraham necesitaba adorar al único y Dios verdadero.
Sigue siendo el deber de todos los creyentes cortar con cualquier relación que impida nuestro progreso y efectividad espiritual. Debemos abandonar todo pecado, toda obstinación, y todo placer mundano que aleje nuestro corazón de Dios.
Si lo hacemos, cuando seamos probados y tentados, la fibra espiritual de nuestras vidas soportará la prueba. Seremos fortalecidos en el proceso, para que a su vez podamos ser una bendición a aquéllos a nuestro alrededor. —HVL
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