Lectura: Mateo 6:9-15
Porque si perdonáis a los hombres . . . también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. —Mateo 6:14
La iglesita estaba luchando, y todos sabían por qué. Dos miembros ancianos de la iglesia tenían un conflicto, y las personas habían dividido sus lealtades entre ambos, lo cual hizo que cualquier tipo de avance hacia una solución fuera imposible. Abiertamente hicieron caso omiso de las instrucciones de Jesús acerca de perdonar a los demás (Mateo 6:14).
Un nuevo pastor vino a la iglesia y pasó varias semanas enseñando acerca del perdón y la confianza. Por un tiempo, las personas se mantuvieron sus lealtades divididas y siguieron perseverando en las aguas estancadas de su desconfianza.
Después de mucha oración, el pastor sintió la dirección del Señor para entrar en acción. Así que durante un culto de la mañana, llamó a los dos hombres delante de la congregación y, puestos de pie, les pidió que se perdonaran el uno al otro. El pastor sabía que si alguna vez la iglesia habría de tener paz de nuevo, tendría que haber una tormenta de confrontación. Los hombres se enfrentaron, hicieron una pausa, y luego se abrazaron. Lágrimas corrían por sus rostros mientras cada uno le rogaba al otro que lo perdonara. Después de 45 minutos, el llanto, los abrazos, y el perdón por toda la congregación finalmente cesó. La iglesia quedó revitalizada para que sus miembros sirvan unidos como una comunidad cariñosa para la gloria de Dios.
El perdón es algo poderoso, y trae una calma consoladora. Con él, podemos disfrutar de la armonía con el pueblo de Dios; sin él, continúa la tormenta. —JDB
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