Lectura: Romanos 1:8-16
Ansioso estoy de anunciar el evangelio también a vosotros. —Romanos 1:15
La demencia nos estaba arrebatando lentamente a Mamá Cetas. Y no había nada que mi esposo y yo pudiéramos hacer para evitar que ella se nos fuera.
Durante esos días difíciles, Mamá nos enseñó muchas lecciones. Olvidó cómo hacer una serie de cosas, pero una de las cosas que no olvidó fue cómo orar. De vez en cuando, alguien mencionaba algún problema por el que estaba pasando, y ella se detenía allí mismo para orar por la necesidad de esa persona.
También siguió hablando con los demás acerca de Jesús. Las personas que la atendían en el hogar para ancianos dijeron que a menudo ella les preguntaba a los demás residentes y trabajadores si conocían a Jesús como su Salvador. Ella quería que ellos tuvieran la seguridad de que sus pecados habían sido perdonados y que irían al cielo.
Cuando pienso en estas cualidades en Mamá, pienso en Romanos 1. El apóstol Pablo se acordaba de las personas en la iglesia de Roma y «sin cesar hacía mención de vosotros» (v.9) y estaba «ansioso . . . de anunciar el evangelio» porque, como él decía, «no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree» (vv.15-16).
Mientras podía, Mamá Cetas siguió con los ojos puestos en Jesús en oración y diciéndoles a los demás acerca de Él. Todos podemos aprender de su ejemplo de osadía y confianza en el Señor. —AMC
|
Copyright © 2006 por Ministerios RBC Ministerios RBC es un miembro de grupo Gospel Communications Network (GCN) Para correspondencia general: literatura@rbc.org Para problemas técnicos: rbclatino@rbc.org
|